¿Que estamos enseñando?

14.10.2026

ARTICULOS  CON VISIÓN DE ARQUITECTO

¿Que estamos enseñando?

Después de años trabajando en el sector educativo y de haber conversado con cientos de personas vinculadas a las comunidades escolares —sostenedores, contadores, rectores, directores y profesores—, he llegado a una conclusión que me inquieta: pareciera que estamos perdiendo de vista lo verdaderamente importante de la educación.

Entre exigencias administrativas, problemas de convivencia, dificultades de seguridad y conflictos laborales, pareciera que estamos dedicando cada vez más tiempo a gestionar la educación y menos a reflexionar sobre su propósito.

Desde el lado de los sostenedores, a veces se percibe al profesor como un trabajador permanentemente disconforme. Desde el lado de los profesores, en cambio, escucho una queja recurrente: no les alcanza el tiempo para preparar clases, revisar pruebas y completar informes que, en ocasiones, nadie lee.

Tengo la impresión de que estamos perdiendo credibilidad frente a nuestros niños y jóvenes, y que cada vez tenemos menos tiempo para influir positivamente en su formación. Si queremos ser eficientes, debemos aprender a priorizar. Para mi la dirección no es enseñar contenidos,pero si cumplir programas y para obtener buenos resultados académicos. También debemos preguntarnos qué tipo de personas estamos formando.

¿PODEMOS EXIGIR LO QUE NO HEMOS ENSEÑADO?

Hace un tiempo, conversando con una persona que había cometido delitos y que había estado en la cárcel, le pregunté qué sentido tenía delinquir si sabía que tarde o temprano volvería a prisión.

Su respuesta me hizo reflexionar. Me explicó que delinquir era la única manera que conocía de conseguir dinero para llevar a su pareja al centro comercial, andar en taxi y acceder a una vida que consideraba inalcanzable por otros medios. Me dijo que no sabía hacer otra cosa y que nadie le daría una oportunidad.

Le pregunté por qué pensaba eso. Entonces me respondió con otra pregunta:

—¿Usted me contrataría? Mi silencio fue la respuesta.

Aquella conversación no justificaba sus delitos ni eliminaba su responsabilidad, pero me enfrentó a una realidad incómoda: ¿qué ocurre cuando una persona no logra imaginar una alternativa a la vida que conoce?

Como sociedad, exigimos a nuestros jóvenes que elijan el camino correcto. Sin embargo, ¿les estamos entregando las herramientas, las oportunidades y las razones para construir un futuro diferente?

No todos los delincuentes tienen la misma historia, ni la delincuencia puede explicarse por una sola causa. Pero esta experiencia me hizo pensar en la responsabilidad que tenemos en la formación de nuestros jóvenes.

Quizás hemos dedicado demasiado tiempo a decirles lo que deben hacer y muy poco a ayudarles a descubrir por qué vale la pena hacerlo.

EL PROBLEMA PODRÍA COMENZAR ANTES DE ENSEÑAR

Cuando hablamos de educación, solemos concentrarnos en los contenidos, las evaluaciones, las metodologías y los resultados. Todos son importantes. Sin embargo, pocas veces nos detenemos lo suficiente a pensar qué hace un niño cuando realmente quiere aprender.

Podemos entregar conocimientos, exigir tareas y evaluar resultados, pero ¿qué ocurre si no conseguimos despertar su interés? ¿Cómo esperamos que un estudiante comprenda el mundo si no le enseñamos a observarlo, cuestionarlo y buscar sus propias respuestas?

Quizás el problema no consiste únicamente en cómo enseñamos, sino también en cómo conseguimos que alguien quiera aprender.

Un niño que descubre algo que despierta su curiosidad comienza a mirar la realidad de otra manera. Se interesa, observa, compara y busca explicaciones. Y cuando encuentra algo que no comprende, surge naturalmente la necesidad de preguntar.

En ese proceso, el aprendizaje deja de ser una obligación impuesta desde fuera y comienza a convertirse en una búsqueda personal.

Tal vez ahí existe una oportunidad que todavía no hemos aprovechado suficientemente: ayudar a nuestros estudiantes a descubrir que aprender no consiste solamente en recordar lo que otros les enseñan, sino también en desarrollar la capacidad de comprender, pensar y encontrar nuevas posibilidades.

VOLVER A PREGUNTARNOS QUÉ ES LO IMPORTANTE

No pretendo afirmar que una sola idea pueda resolver los problemas de la educación, la convivencia o la delincuencia. Son realidades complejas que requieren respuestas de toda la sociedad.

Sin embargo, creo que debemos revisar nuestras prioridades. Corremos el riesgo de perfeccionar los procedimientos administrativos, multiplicar las evaluaciones y producir más informes, sin detenernos a examinar si estamos consiguiendo lo esencial.

Educar no debería limitarse a transmitir conocimientos ni a preparar estudiantes para responder correctamente una prueba. También debería ayudarlos a descubrir sus capacidades, desarrollar criterio, tomar decisiones responsables e imaginar un futuro que merezca la pena construir.

Para conseguirlo, quizás necesitamos comenzar por algo que parece sencillo, pero que hemos dejado en segundo plano: despertar el interés por aprender, enseñar a mirar la realidad con atención y dar espacio a las preguntas que nos permiten comprenderla.

Porque no basta con entregar respuestas si nuestros estudiantes no encuentran razones para buscarlas.

Quizás el desafío más importante de la educación no sea enseñar más, sino conseguir que nuestros niños y jóvenes encuentren motivos para aprender, comprender y convertirse en mejores personas.


Rodrigo López Bernales

Arquitecto

www.Propolcolegios.cl

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